programa 3
Felix Mendelss ohn-Bartholdy (1809-1847)
Quinta sinfonía en re menor,
Reforma, op. 107
Andante - Allegro con
fuoco
Allegro vivace
Andante
Andante con moto - Allegro vivace
- Alegro maestoso
(Coral luterano Ein feste Burg ist unser
Gott)
Quizá usted no lo sepa, pero el señor
Martín Lutero (1483-1546), reformador religioso de profesión,
tiene su propio capítulo en toda enciclopedia o diccionario
musical que uno pueda consultar. Ello se debe a que Lutero fue,
entre otras cosas, un hábil músico: cantante, flautista
y laudista, se le atribuye además el haber compuesto música
original para varios himnos litúrgicos. Por otra parte,
Lutero abordó la elaboración de un texto destinado
a ser un panegírico de la música. La biografía
de Lutero y la creación de la Reforma protestante son temas
tan complejos y enredados que no me atrevería a tratar
de desentrañarlos aquí. Sin embargo, unos cuantos
datos respecto a estos asuntos pueden ser útiles para un
acercamiento a la última de las sinfonías de Mendelssohn,
cuya inspiración se encuentra, precisamente, en Lutero
y su obra.
En octubre de 1529, seguidores de Lutero y
de otro gran reformador, Ulrico Zwinglio, se reunieron en un coloquio
en la ciudad de Marburgo para discutir a fondo una larga serie
de profundos asuntos teológicos. Si bien no llegaron a
ningún acuerdo, los dos bandos continuaron sus discusiones
al amparo de la Dieta de Augsburgo. Lutero mismo no tuvo oportunidad
de asistir a la Dieta, porque en aquel entonces era considerado
como una especie de forajido, de modo que mandó en su lugar
a su colega Philipp de Melanchton, quien se convirtió en
el principal vocero de la Reforma en aquel evento. Como consecuencia
de ello, Melanchton produjo, en 1530, la famosa Confesión
de Augsburgo, documento fundamental del pensamiento de la Reforma,
y pilar normativo del luteranismo.
Trescientos años más tarde,
a manera de conmemoración de la Confesión de Augsburgo,
Mendelssohn concibió la creación de su Sinfonía
Reforma. En este punto se hace necesario aclarar que si bien Mendelssohn
procedía de una familia de origen judío, su educación
fue básicamente orientada por los preceptos del cristianismo.
Así, entre 1829 y 1830 Mendelssohn compuso la sinfonía
para celebrar el tercer centenario de la creación de aquel
importante documento del pensamiento de la Reforma protestante.
Para dejar establecido inequívocamente el lazo con las
ideas filosóficas y religiosas a las que se estaba refiriendo
musicalmente, Mendelssohn empleó en la sinfonía
reforma dos materiales sonoros muy significativos. El primero
de ellos es el notorio 51 Amén de Dresde, un tema que años
más tarde sería utilizado por Wagner en su ópera
Parsifal (1882); este tema aparece en la introducción de
la sinfonía y reaparece en el final de la obra. El segundo
de estos materiales es el himno titulado Ein feste Burg ist unser
Gott (Un sólido baluarte es nuestro Dios),
que forma la columna vertebral del último movimiento de
la sinfonía. Al respecto de este himno es preciso mencionar
que Lutero calibró correctamente la importancia de los
himnos litúrgicos en la difusión de las ideas de
su Reforma, de modo que no sólo animó a sus colegas
a escribir himnos, sino que él mismo escribió algunos
de importancia, que aparecieron en un libro de himnos de 1524.
De todos los himnos luteranos, el empleado por Mendelssohn en
la sinfonía reforma es el más famoso, y su aparición
en pleno siglo xvi fue un acontecimiento notable en la historia
de Europa.
El hecho de que Mendelssohn haya utilizado
un tema de claras asociaciones católicas y otro netamente
protestante parece apuntar hacia una intención suya de
celebrar una especie de tregua ideológica a través
de su música. Al respecto, no está de más
recordar que ese tipo de tregua le fue negada al compositor durante
los oscuros años del nazismo alemán, cuando la música
del talentoso heredero del filósofo Moisés Mendelssohn
fue prohibida y declarada arte degenerado. La Sinfonía
Reforma fue estrenada en Berlín en 1832, y no fue publicada
sino hasta después de la muerte de Mendelssohn.