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programa 4

felix mendelssohn-bartholdy (1809-1847)
Primer concierto para piano en sol menor, op. 25

Molto allegro con fuoco
Andante
Presto

A juzgar por las programaciones de las orquestas de todo el mundo y por los catálogos de las compañías disqueras, parecería que Félix Mendelssohn hubiera compuesto solamente un concierto, su famoso Concierto op. 64 para violín y orquesta. La realidad es otra, como lo demuestra la tabla siguiente:

Concierto en re menor para violín y cuerdas (1822).
Concierto en la menor para piano y cuerdas (1822).
Concierto en re menor para violín, piano y cuerdas (1823).
Concierto en mi mayor para dos pianos (1823).
Concierto en la bemol mayor para dos pianos (1824).
Concierto No. 1 en sol menor para piano op. 25 (1831).
Concierto No. 2 en re menor para piano op. 40 (1837).
Concierto en mi menor para violín op. 64 (1844).

El año 1829 fue un año típico para Mendelssohn en lo que se refiere a los viajes, una de sus ocupaciones favoritas, y más productivas. Vivió un tiempo en Londres, donde tocó su Concierto para dos pianos en compañía de su maestro, Ignaz Moscheles. Después, visitó varias localidades de Escocia, que le inspiraron dos obras importantes: la Sinfonía Escocesa y la obertura de concierto Las Hébridas. Volvió a Berlín en diciembre de 1829, pero en mayo de 1830 ya estaba de camino una vez más. Visitó a Goethe en Weimar, visitó Munich, Salzburgo, Linz y Viena. Después, Venecia, Florencia y Roma. Al inicio de 1831 el compositor visitó Nápoles y Pompeya, y en el verano de ese año estuvo en Génova y Milán; viajó un par de meses por Suiza y regresó a Alemania en octubre.

Ese concierto a dos pianos compartido con Moscheles resulta un buen indicador del hecho de que Mendelssohn fue un pianista más que competente, lo que permite suponer que la mayoría de su producción pianística, si no toda, fue concebida para su propio uso. De hecho, en su propio tiempo, Mendelssohn fue considerado como un pianista sobresaliente, y se le respetaba, entre otras cosas, porque dedicaba su talento como ejecutante a tocar música seria, a diferencia de casi todos sus contemporáneos, que se conformaban con deleitar al público con transcripciones de números operísticos y otras banalidades similares.

El Concierto op. 25 de Mendelssohn, escrito durante la estancia del compositor en Roma, 55 vio la luz en el contexto de los viajes arriba citados: el propio compositor lo estrenó el 17 de octubre de 1831 en Munich, en un programa que incluyó su Sinfonía No. 1, op. 11, que había compuesto en 1824, y la obertura al Sueño de una noche de verano. Poco después, en la primavera de 1832, Mendelssohn volvió a visitar Londres, y en la capital inglesa ofreció varios conciertos, en los que incluyó algunas interpretaciones de su Concierto op. 25. La obra tiene una estructura tradicional en tres movimientos, pero presenta un elemento poco común en su tiempo: los movimientos se tocan ligados, sin interrupción. Otro detalle estructural interesante del concierto se aprecia en el hecho de que algunos materiales temáticos del primer movimiento reaparecen más tarde en el tercero, prefigurando así ciertos elementos de la estructura cíclica que en poco tiempo habría de volverse usual en la música de varios compositores notables. Dedicado a la joven pianista Delphine von Schauroth, el Concierto op. 25 logró de inmediato la admiración y aprobación de importantes compositores e intérpretes, entre los cuales figuraba Franz Liszt (1811-1886).

En su interesante e informativo libro titulado Los grandes pianistas, de Mozart al presente, Harold C. Schonberg traza un interesante perfil de Mendelssohn como pianista y procede a citar la narración de un testigo que oyó a Mendelssohn tocar el Triple concierto de Bach en junio de 1844, en colaboración con Moscheles y con Sigismond Thalberg. La parte medular de la cita indica que al final de la ejecución, los aplausos más numerosos y enfáticos fueron para Mendelssohn, lo cual representa un mérito singular si se considera el estatus de grandes virtuosos que ostentaban Moscheles y Thalberg. De manera más específica, y siempre refiriéndose a crónicas y documentos de la época, Schonberg afirma, categórico:

“Todos estaban de acuerdo en que ningún pianista igualó a Mendelssohn en la interpretación de su propio Concierto en sol menor, y un músico inglés llamado John Edmund Cox escribió asombrado sobre la combinación de ligereza y fuerza en las ejecuciones de Mendelssohn.”


 
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