programa 4
Felix Mendelss ohn-Bartholdy (1809-1847)
Segundo concierto para piano y
orquesta en re menor, op. 40
Allegro appassionato
Adagio. Molto sostenuto
Presto scherzando
El bien ganado prestigio de su Concierto para
violín op. 64 ha ocasionado que el resto de la producción
concertante de Félix Mendelssohn permanezca prácticamente
olvidada. Esta producción consta básicamente de
otro concierto para violín, tres conciertos para piano,
dos conciertos para dos pianos y un doble concierto para violín
y piano. La creación del Segundo concierto para piano ocurrió,
como casi toda la producción de Mendelssohn, en circunstancias
particularmente felices. En el año de 1835 Mendelssohn
fue nombrado director de la famosa Orquesta de la Gewandhaus de
Leipzig. Bajo su mandato, la orquesta alcanzó nuevas cimas
de calidad, tanto en lo que se refiere a sus ejecuciones como
a la programación rica y variada y a la difusión
de la música de los mejores compositores de la época,
incluyendo al propio Mendelssohn. Hacia finales de 1836 el compositor
propuso matrimonio a Cécile Jeanrenaud, y se casó
con ella el 28 de marzo de 1837. A manera de viaje de bodas, la
pareja realizó un trayecto que los llevó a Friburgo,
a la Selva Negra y, más tarde, a Bingen. Durante ese viaje
Mendelssohn compuso algunas obras importantes de su catálogo,
entre ellas el Cuarteto de cuerdas op. 44, No. 2 y el Salmo 42.
De ese mismo período es también el Segundo concierto
para piano y orquesta.
El Allegro appassionato del Segundo concierto
de Mendelssohn inicia con una introducción breve, de rasgos
dramáticos pero al mismo tiempo con cierta ligereza de
espíritu. De inmediato se presenta el piano solista con
los temas principales del movimiento y pronto el discurso de Mendelssohn
se vuelve brioso y enérgico. Se trata de un allegro elegante,
claro y bien perfilado en su estructura, en el que la contraposición
entre el solista y la orquesta transcurre a partir de modelos
clásicos, sazonados con un toque expresivo de corte romántico.
Hacia el final del movimiento, la orquesta reexpone con energía
el tema principal, y la música se disuelve sin interrupción
en el segundo movimiento. Esta unión entre los dos movimientos
del concierto se observa también en el Concierto para violín
op. 64 de Mendelssohn. El Adagio molto sostenuto está caracterizado
por un lirismo elegante, encabezado sobre todo por los amplios
arcos melódicos de las cuerdas. En este movimiento puede
apreciarse, quizá, el espíritu de una canción
sin palabras. Como en el resto del concierto, aquí la orquestación
es sencilla y tradicional, y el esquema armónico es de
una gran claridad y lucidez. Este movimiento lento concluye en
un ambiente de paz y tranquilidad. El movimiento final es un vivo
scherzo en compás 59 ternario, de espíritu ligero
y quizá menos atrevido e innovador que otros scherzi de
Mendelssohn. Sin perder el pulso original, el compositor propone
algunos episodios en los que el uso de notas largas parece hacer
más lento el tempo del scherzo; en medio de este espejismo
sonoro, sin embargo, Mendelssohn se mantiene fiel a los motivos
rítmicos planteados al inicio del movimiento. Poco antes
de la coda hay un fugaz episodio en el que las flautas parecen
recordar al oyente el scherzo del Sueño de una noche de
verano. El movimiento concluye con el brío tradicional
de un concierto cuyo espíritu comparte elementos clásicos
y románticos.
En el desarrollo formal de este concierto
Mendelssohn planteó algunos procedimientos que habría
de utilizar también en otras de sus obras concertantes,
y que conforman un sello estilístico propio del compositor.
Entre ellos (además de la ya mencionada fusión entre
los dos primeros movimientos) está el hecho de que el esquema
estructural general, basado en la tradicional forma sonata, contiene
también algunas características de la forma fantasía.
Para destacar con mayor énfasis el elemento virtuosístico
en esta obra, Mendelssohn empleó algunas técnicas
pianísticas que habían sido introducidas por el
gran ejecutante y maestro Sigismond Thalberg. La más notable
de estas técnicas es la de tocar lo importante de la melodía
con los dos pulgares, en el registro medio del piano, y rodearla
de arpegios y ornamentos a lo largo de todo el teclado. Algunas
reseñas de la época indican que esta técnica
de Thalberg (bien aprovechada por Mendelssohn en su Segundo concierto)
hacía parecer que el pianista tenía tres manos.
Desde el punto de vista expresivo, y a pesar de estar concebido
en una tonalidad menor, el Segundo concierto para piano es un
fiel reflejo del momento feliz y optimista que por entonces vivía
el compositor. Este concierto, que hoy es interpretado con escasa
frecuencia, fue muy bien recibido en su tiempo. Robert Schumann
(1810-1856), colega y amigo de Mendelssohn y pianista de primer
orden, calificó al concierto como un regalo sutil
y despreocupado. El estreno del Segundo concierto para piano
y orquesta de Mendelssohn ocurrió el 5 de agosto de 1837.