programa 5
Franz Joseph Haydn (1732-1809)
Decimotercera sinfonía
en re mayor, Hob. I:13
Allegro molto
Adagio cantabile
Menuet
Finale. Allegro molto
Beverly Brown, violonchelo solo
En un prolijo ensayo sobre las sinfonías
de Franz Joseph Haydn, el musicólogo Harold Truscott concluye
su texto con estas líneas: Ningún sinfonista
posterior superó a Haydn; lo más que pudieron hacer
fue igualarlo; aun Beethoven, en cierta forma, apenas lo superó.
Un solo hecho lo haría destacar: la variedad y amplitud
de su pensamiento en la gran colección de sus sinfonías.
Cada sinfonía es un mundo en sí misma, aun las más
pequeñas y las más tempranas. No hay repetición.
En este sentido, y es un sentido profundo, Haydn es en efecto
el Padre de la Sinfonía. Fue el primero en percibir y expresar
las alturas y profundidades a las que esta clase de música
podría llegar.
Vaya esta cita a manera de preámbulo
para enfatizar el hecho de que no hay tal cosa como sinfonías
menores en el catálogo de Haydn.
En el año de 1761 ocurrió uno
de los cambios más importantes en la vida de Haydn, cuando
el compositor entró al servicio de la noble, rica e influyente
familia de los Esterházy, labor que lo ocuparía
por varias décadas. Su primer patrón fue el príncipe
Paul Anton Esterházy, quien a la llegada de Haydn comenzó
a construir en su propiedad un nuevo teatro, con la intención
de establecer ahí una sólida tradición operística.
Sin embargo, el príncipe Paul Anton no viviría para
ver coronado este proyecto suyo, ya que murió en 1762.
Fue sucedido por su hermano Nikolaus, quien habría de ser
el patrón de Haydn por casi treinta años. Los primeros
años de Haydn como músico al servicio de los Esterházy
transcurrieron en la propiedad familiar en Eisenstadt, hasta que
la corte se mudó a una nueva propiedad, llamada Esterháza,
alrededor de 1766. En sus primeros años al servicio de
los Esterházy, Haydn compuso algunas obras vocales en estilo
italiano, piezas instrumentales en varios géneros, y una
ópera, titulada Acide, que fue escrita en 1762 y estrenada
el 11 de enero de 1763 con motivo del matrimonio de Anton Esterházy,
hijo primogénito del príncipe Nikolaus. Para la
boda, Haydn escribió también una cantata, y poco
después compuso algunas otras cantatas para celebrar acontecimientos
diversos en la vida de su ilustre patrón. De los primeros
años (1763-1765) de la vinculación de Haydn con
los Esterházy sobreviven los manuscritos autógrafos
de once sinfonías suyas. Una de las sinfonías escritas
en ese período (y una de las pocas a las que el catálogo
de Anthony van Hoboken asigna una fecha precisa) es la Sinfonía
No. 13 en re mayor, que data de 1763.
En sus primeras seis sinfonías, Haydn
utilizó la orquestación básica de dos oboes,
dos cornos y cuerdas que habría de utilizar también
en algunos de sus trabajos sinfónicos más maduros.
A partir de la Sinfonía No. 7, el compositor comenzó
a experimentar con dotaciones instrumentales diversas, y para
la Sinfonía No. 13 propuso flauta, dos oboes, cuatro cornos,
timbales y cuerdas. Al parecer la partitura de la sinfonía
contempla la presencia ad libitum de los timbales. Esta es, por
cierto, la primera de las sinfonías de Haydn cuya dotación
incluye cuatro cornos; la siguiente sería su Sinfonía
No. 31 (1765), conocida como Hornsignal precisamente por ese detalle
de orquestación y por el uso que Haydn hace en ella de
los cuatro cornos. Uno de los atractivos principales de la Sinfonía
No. 13 está en el segundo movimiento, un Adagio cantabile
lento y contemplativo en el que el compositor propone una importante
participación del violonchelo, con un acompañamiento
tan discreto que casi podría considerarse como un episodio
concertante. El Minueto tiene algo del espíritu cortesano
y solemne, y su patrón rítmico es acentuado por
los cornos y los timbales; el trío tiene una interesante
participación de la flauta. Algunos musicólogos
han señalado que el tema principal del Finale de la Sinfonía
No. 13 de Haydn está derivado de una secuencia de canto
llano, y que ese mismo tema fue utilizado más tarde por
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) en el movimiento final de
su última sinfonía, la Júpiter (1788).