programa 5
Felix Mendelss ohn-Bartholdy (1809-1847)
Sueño de una noche de verano,
op. 21 y op. 61
Obertura (op. 21)
Narracción
Nº 1. Scherzo (tras el final del Acto I). Allegro
vivace - attacca:
Nº 2. [Melodrama y narracción] (Acto II).
Listesso tempo - Allegro vivace -
attacca:
Nº 3 Canción con coro [y melodrama] (Acto
II). Allegro ma non troppo - attacca:
Nº 4. [Melodrama y narracción] (Acto II).
Andante - Allegro molto -
Andante - Allegro molto
Narración
Nº 5. [Intermezzo] (al final del Acto II).
Allegro appassionato - Allegro molto
comodo
Narración
Nº 6. [Melodrama y narración] (Acto III).
Allegro - Tempo Allegro - Allegro
molto - Andante - Allegro molto
come prima - attacca:
Nº 7. [Nocturno] Con moto tranquillo (Acto
III)
Narración
Nº 8 [Melodrama y narración] (Acto IV).
Andante - Allegro molto - Con
moto tranquillo - Allegro molto
Nº 9. Marcha nupcial (tras el final del Acto
IV). Allegro vivace
Narración
Nº 10. [Fanfarria, diálogo, melodrama y narracción]
(Acto V). Allegro comodo -
Marcia funebre. Andante comodo
Nº 11. Danza de los rústicos (Acto V). Allegro
di molto - attacca:
Nº 12. Allegro vivace come prima
Narración
Finale: [Melodrama, solistas y coro] (Acto V).
Allegro di molto
Vale la pena comenzar diciendo que, por lo
general, las obras de los compositores que han gozado el beneficio
de ser catalogados son designadas con un número que las
identifica y que en el caso de la obra que hoy nos ocupa, la numeración
es doble. La obertura que Mendelssohn escribió para la
obra teatral de William Shakespeare lleva el número de
opus 21; el resto de las piezas de la música incidental
están catalogadas colectivamente con el número 61,
e individualmente son identificadas como 61.1, 61.2, etc. Ello
se debe a que Mendelssohn compuso la obertura en el año
de 1826, cuando era una criatura de 17 años, y esperó
otros 17 años para componer el resto de la música
incidental, cosa que hizo a petición expresa del rey Federico
Guillermo IV de Prusia, en el año de 1843. Por aquello
de que siempre ha sido especialmente difícil hablar y escribir
de música sin recurrir a los adjetivos (vano intento de
poner en palabras lo que la música expresa), este es un
caso ideal para enfatizar uno de esos adjetivos: se puede definir
la música de Mendelssohn para la 70 obra de Shakespeare
como la sublimación de lo etéreo. Y si esta cualidad
fue perfectamente bien desarrollada en música por Mendelssohn,
el compositor tiene mucho que agradecer a Shakespeare por haber
hecho lo mismo en el terreno de la palabra con su Sueño
de una noche de verano. La ligereza de la música de Mendelssohn
está implícita en la obra de Shakespeare, y ello
permite recordar algo que por lo general suele pasarse por alto.
Si hoy se recuerda a Shakespeare como un gran dramaturgo, y vienen
a la memoria sus grandes tragedias, como Romeo y Julieta, Hamlet,
Macbeth, Otelo y El rey Lear, o sus poderosos dramas históricos
Ricardo III, Enrique IV o Enrique VIII, no hay que olvidar que
fue también un gran autor de comedias, muchas de las cuales
son verdaderas obras maestras del género. Entre ellas sobresalen
La tempestad, Las alegres comadres de Windsor, Mucho ruido y pocas
nueces, El mercader de Venecia, La doma de la fiera y Sueño
de una noche de verano.
En esta última obra Shakespeare logra
una divertida y mágica fusión de tres mundos, representados
por tres tipos de personajes distintos: aquellos que son la memoria
del mundo grecolatino clásico, los duendes y las hadas,
y la gente común del pueblo. Esta fusión da origen
a una divertida comedia de amoríos y encantamientos, sueños
y fantasías, que ha resistido como pocas obras teatrales
el paso del tiempo, y que hasta nuestros días se presta
con elegancia a muy diversas formas de representación;
al respecto, recuérdese la muy atractiva versión
del Sueño de una noche de verano puesta en escena hace
algunos años en México bajo la dirección
de Salvador Garcini.
Mucho se ha dicho y escrito sobre la admirable
música escrita por Mendelssohn para acompañar la
comedia de Shakespeare, y uno de los textos más interesantes
al respecto fue escrito por Franz Liszt. Es interesante observar
la apreciación de Liszt sobre las cualidades ligeras y
volátiles de la partitura de Mendelssohn, considerando
que si algo no tenía la música de Liszt era precisamente
ligereza y volatilidad. En 1854 Liszt escribió un ensayo
sobre Sueño de una noche de verano de Mendelssohn, en estos
términos:
El talento de Mendelssohn se adaptó
por entero a la atmósfera feliz, truhanesca, hechizada
y hechicera en la que se mueve esta ingeniosa obra de Shakespeare.
Tenía una capacidad enorme para describir a estos duendes,
para interpolar en sus flirteos y gorjeos el rebuzno de un asno,
sin irritarnos. Ningún músico estuvo mejor equipado
para traducir a música el delicado y en ocasiones excesivo
sentimentalismo de los amantes como lo hizo Mendelssohn en el
tercer entreacto, en una especie de canción sin palabras
bellamente orquestada. Nadie como Mendelssohn para pintar musicalmente
ese arcoiris, ese brillo de madreperla 71 de los duendes; nadie
como él para capturar los brillantes acentos de una regia
ceremonia nupcial.
Es muy adecuado el hecho de que en este
texto Liszt se refiera específicamente a la atmósfera
de la ceremonia nupcial, ya que según los historiadores
del teatro, Shakespeare escribió Sueño de una noche
de verano a manera de una refinada mascarada en el clásico
estilo inglés, para acompañar la celebración
de la boda de un noble británico, allá por el año
de 1600. La música incidental que Mendelssohn escribió
para la comedia de Shakespeare fue concebida para soprano, mezzosoprano,
coro y orquesta, y los textos se deben a una espléndida
traducción al alemán realizada por August Wilhelm
Schleger a partir del original de Shakespeare en inglés.
La obertura fue estrenada en concierto por Carl Loewe en 1827,
al año siguiente de su creación, y la música
incidental completa se estrenó en octubre de 1843 en el
Hoftheater de Potsdam, acompañando a una puesta en escena
de la comedia de Shakespeare. Es indudable que Mendelssohn logró
en esta partitura una de sus mejores obras, y es más admirable
aún si se considera el hecho de que el compositor solía
decir que las palabras le parecían demasiado vagas para
expresar sentimientos que la música podía comunicar
a la perfección. He aquí que, a pesar de esta idea,
Mendelssohn logró combinar perfectamente ambos mundos y
crear una hermosa obra musical a partir de otra gran obra, hecha
de palabras. No es casualidad tampoco que Mendelssohn haya escrito
varias series de piezas para piano a las que tituló Canciones
sin palabras.