programa 6
Franz Joseph Haydn (1732-1809)
Sinfonía concertante
en si bemol mayor para oboe, fagot, violín, violonchelo
y orquesta, Hob.1:105
Allegro
Andante
Allegro con spirito
Como bien podría decir cualquier político
mexicano, de cualquier época, una sinfonía concertante
no es una sinfonía ni es un concierto, sino todo lo contrario.
Entre las numerosas definiciones enciclopédicas que hay
del término, una de las más satisfactorias es la
que indica que una sinfonía concertante es una especie
particular de concierto que floreció sobre todo en la última
parte del siglo xviii y que por lo general es de carácter
ligero. Una de las características importantes de la sinfonía
concertante es el hecho de que las obras de este tipo están
escritas siempre para más de un solista, entre dos y siete,
y que en ellas la orquesta suele tener un rol muy subordinado
al de los instrumentos protagónicos. En lo que se refiere
a las combinaciones elegidas por los compositores para los instrumentos
solistas, hay de todo: desde la sencilla y muy usual combinación
de dos violines, hasta grupos de solistas de extraña conformación,
como por ejemplo en el caso de Leopold Kozeluch (1747-1818), quien
escribió una obra de este género para piano, mandolina,
trompeta y contrabajo. Por esta dialéctica entre un pequeño
grupo de solistas y una orquesta acompañante de mayor tamaño,
no sería difícil encontrar puntos de contacto entre
la sinfonía concertante del período clásico
y el concerto grosso de la era barroca.
Al inicio de la década de los 1790s,
una parte importante de la actividad musical en Londres se debía
al empeño de un alemán, el violinista y promotor
Johann Peter Salomon. Entre otras cosas, su labor era la de contratar
a compositores y solistas de prestigio en el continente para presentarlos
en sus series de conciertos en la capital inglesa. En septiembre
de 1790, murió el príncipe Nikolaus Esterházy,
patrón de Franz Joseph Haydn, y se dice que en cuanto se
enteró del fallecimiento, Salomon viajó rápidamente
a Viena para intentar contratar a Haydn para sus conciertos. Al
parecer, la fuerte personalidad de Salomon y el prospecto de nuevos
horizontes profesionales hicieron relativamente fácil para
Haydn el tomar la decisión de viajar a Londres. Y el resto,
como se dice coloquialmente, es historia: las dos visitas de Haydn
a la capital de Inglaterra fueron muy productivas, por una parte
porque representaron nuevos estímulos para su trabajo creativo
y por la otra, porque el medio musical londinense lo recibió
con los brazos abiertos. Para fortuna de los melómanos
curiosos y los musicólogos, las visitas de Haydn a Londres
representan el período más documentado de su vida,
tanto por los escritos de sus contemporáneos como por sus
propios diarios y cartas.
Desde el punto de vista del trabajo creativo,
77 lo más significativo de las visitas de Haydn a Londres
está concentrado en la composición de las doce sinfonías
(Nos. 93-104) conocidas colectivamente como las Sinfonías
Londres, auténtica cima de su labor en este importante
rubro composicional. Por otra parte, es importante destacar que
debido a la naturaleza de los conciertos de Salomon, Haydn compuso
en este período mucha música instrumental, con escasas
desviaciones hacia los géneros vocales: apenas una ópera,
dos colecciones de canciones y algunos arreglos sobre canciones
folklóricas. Sin embargo, no toda la producción
instrumental de Haydn en ese período estuvo concentrada
en las sinfonías. Durante su primera visita a Londres,
el compositor austriaco escribió también una Sinfonía
concertante para oboe, fagot, violín, violonchelo y orquesta,
que al parecer surgió en circunstancias realmente curiosas.
Resulta que entre los alumnos de Haydn se encontraba Ignaz Pleyel
(1757-1831), compositor, editor y fabricante de pianos quien,
después de varias peripecias profesionales, fue a dar a
Londres, donde permaneció entre diciembre de 1791 y mayo
de 1792. ¿Qué hacía Pleyel en Londres, al
mismo tiempo que Haydn? Pues hacía exactamente lo mismo
que Franz J. Haydn... sólo que para la competencia. Pleyel
había sido contratado por el empresario Wilhelm Cramer
para dirigir su serie de Conciertos Profesionales, así
como Haydn había sido contratado por Salomon para su propia
serie. Las malas lenguas quisieron enfrentar a ambos músicos
y sembrar la discordia entre ellos, pero la historia cuenta que
a pesar de ser competidores, maestro y alumno siguieron siendo
buenos amigos, socializando juntos en la capital inglesa y asistiendo
cada uno de ellos a los conciertos del otro. Resulta que entre
las obras más populares de Pleyel en los conciertos de
Cramer estaban sus sinfonías concertantes y, al parecer,
Haydn compuso la suya en un gesto de amigable competencia
con su amigo y alumno. Además del grupo de cuatro solistas
ya indicado, la Sinfonía concertante (en ocasiones conocida
como la Sinfonía No. 105) contempla una orquesta que incluye
flauta, oboe, fagot, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas.
La obra fue estrenada en Londres, en uno de los conciertos de
Salomon, el 9 de marzo de 1792. Supongo que, probablemente, Ignaz
Pleyel asistió con gusto al estreno de su maestro y colega.
Un dato final, y muy interesante, consignado
en la más reciente edición del Oxford Companion
to Music: al parecer, la sinfonía concertante fue un género
especialmente popular en Francia, y específicamente en
París, al grado de que casi la mitad de las sinfonías
concertantes clásicas fueron escritas por compositores
franceses o para ser interpretadas en el famoso Concert Spirituel.
De ahí que en numerosas fuentes documentales, sin importar
el idioma original en el que estén escritas, se designa
a este tipo de obras con su descripción en francés,
symphonie concertante.