programa 7
Franz Joseph Haydn (1732-1809)
Centésima cuarta sinfonía en re mayor, Londres,
Hob. I:104
Adagio - Allegro
Andante
Menuet
Finale. Spiritoso
Uno de los sobrenombres más famosos, más mencionados
y más permanentes en la historia de la música es
aquel que se ha asignado a Haydn como el padre de la sinfonía.
Sí, Haydn es el primer sinfonista importante de la tradición
clásica, pero su trabajo en este campo es, ni más
ni menos, un eslabón más en la cadena del desarrollo
histórico de la sinfonía. Lo que da a Haydn y a
sus sinfonías un valor tan especial es que ese eslabón
es uno de los más sólidos e importantes de la cadena.
Así pues, en vez de repetir aquí el asunto de la
paternidad de Haydn respecto a la sinfonía, prefiero que
escuchemos algunas voces de musicólogos que se han manifestado
al respecto de este tema...
Cecil Gray: El lugar honroso y prominente que se ha asignado
a Haydn en los anales de la historia de la música se debe
no tanto a sus logros particulares en cuanto a la evolución
de la forma sinfónica, sino a su contribución en
el contexto de esa evolución.
Arthur Jacobs: En Esterhaza, Haydn logró una reputación
que se extendió por toda Europa, especialmente por sus
sinfonías y sus cuartetos; Haydn estableció los
modelos clásicos de estas dos formas.
Lionel Salter: Aunque Haydn no es, en el sentido literal,
el padre de la sinfonía, su importancia en la formación
y el desarrollo de esta forma no puede ser soslayada.
Percy A. Scholes: Su estilo de composición estuvo
basado inicialmente en el de C.P.E. Bach, es decir, en el nuevo
estilo de la sonata y la sinfonía.
Hasta aquí las citas, de las cuales hay muchísimas
más. Baste decir, en cambio, que para efectos prácticos
casi todos los textos analíticos sobre la sinfonía
se inician formalmente con Haydn, aunque en los respectivos prólogos
suele mencionarse a compositores como Bach y sus hijos, Sammartini,
Stamitz, Monn y otros que son considerados como precursores del
pensamiento sinfónico de Haydn. Con el trabajo de estos
precursores muy bien estudiado y aprendido, Haydn inició
su larga y fructífera trayectoria sinfónica hacia
1759 o 1760, cuando compuso la primera de sus 104 sinfonías.
Treinta años y más de noventa sinfonías después,
Haydn fue invitado a Londres por el empresario Johann Peter Salomon.
Durante su estancia en Inglaterra, Haydn fue aplaudido y celebrado
por la comunidad musical entera y, entre otras cosas, fue galardonado
con un doctorado en música por la Universidad de Oxford.
Entre ceremonia y ceremonia, Haydn se dio tiempo para componer
seis sinfonías para Salomon, las que llevan los números
93 a 98 de su catálogo. Años 83 después,
y de nuevo por invitación del empresario Salomon, Haydn
regresó a Londres, permaneciendo ahí desde enero
de 1794 hasta agosto de 1795. Durante esta segunda jornada londinense
Haydn compuso otras seis sinfonías, las últimas
de su catálogo de la 99 a la 104, y la mayor parte de los
conocedores en la materia coinciden en que estas doce sinfonías
(conocidas colectivamente como las Sinfonías Salomon) representan
lo mejor de su producción sinfónica.
Estrictamente, cualquiera de estas doce sinfonías podría
llevar el subtítulo de Londres, pero sólo la última
de ellas, la número 104, es conocida con ese nombre. ¿Por
qué? Es posible explorar algunas opiniones al respecto:
1. Ciertos musicólogos dicen que esta sinfonía fue
llamada así porque su último movimiento contiene
melodías que parecen imitar los gritos callejeros de la
capital inglesa. (Explicación poco convincente, por cierto.)
2. Otros, más específicos, afirman que en el cuarto
movimiento de la sinfonía Haydn cita una canción
popular londinense titulada Red hot bun (algo así como
Bolillo al rojo vivo), que estaba muy en boga por aquella época.
3. Como contradicción a estas dos versiones, hay una tercera
que indica que el tema principal del último movimiento
de la sinfonía es en realidad una antigua melodía
austríaca de danza, asociada con una canción titulada
Oh, Jelena.
4. Respecto de esta teoría, el musicólogo H. W.
Hadow dijo que el origen real de este tema puede encontrarse en
Croacia, en Serbia y en Carniola.
Sea cual fuere el origen del mencionado tema, y sea cual fuere
la razón para haber elegido precisamente esta sinfonía
entre las doce últimas de Haydn para llamarle Londres,
el caso es que la obra es un digno colofón a un muy distinguido
catálogo sinfónico. Formalmente, la Sinfonía
Londres es típica del tratamiento que Haydn solía
darle a este género. Una introducción lenta y solemne
da paso a un allegro robusto y brillantemente diseñado.
El andante, dramático y profundo, ha sido interpretado
como un lamento por la prematura muerte de Mozart. El minueto,
ligero y elegante, parece tener el germen de los scherzi de los
sinfonistas alemanes posteriores a Haydn. Y el spiritoso final
es, como en muchas otras sinfonías del ilustre músico
de Rohrau, un extrovertido punto final a un discurso sonoro compacto,
sólido y lleno de inventiva armónica y melódica.
La Sinfonía Londres se estrenó en la capital inglesa
el 4 de mayo de 1795 en un concierto a beneficio del compositor,
ocasión a la que en aquel entonces se llamó coloquialmente
Dr. Haydns Night. Y aunque esto de La noche del Doctor Haydn
suene como título de una película de terror, no
es más que una muestra del respeto y aprecio que en Londres
se le tuvo a Haydn. Muy merecido, por cierto.