programa 8
György Ligeti (1923-2006)
Atmósferas
Después de un largo y azaroso viaje espacial en la nave
Discovery, viaje que ha incluido algunos asesinatos cometidos
por una computadora rebelde llena de dudas existenciales, el astronauta
Dave Bowman llega a las inmediaciones de Júpiter, aparente
destino final de su misión. La cercanía de un inescrutable
monolito negro que circunda a Júpiter y sus lunas provoca
una ruptura en el continuum espaciotemporal y envía a Bowman
en un viaje que incluye corredores infinitos de luz,
color y formas geométricas; galaxias, supernovas y nebulosas;
fantásticos paisajes de apariencia terrícola, improbablemente
coloreados; finalmente, las extrañamente iluminadas habitaciones
de una casa acondicionada en un contradictorio estilo austero-rococó.
Cualquier buen cinéfilo reconoce en esta descripción
las maravillosas imágenes creadas por el gran cineasta
Stanley Kubrick para la parte final de su película 2001:
Odisea del espacio (1968), uno de los hitos fundamentales de la
historia del cine. Y aquellos cinéfilos que también
se dejaron fascinar por los sonidos que acompañan a las
ideas y las imágenes de Kubrick en esta película,
saben que las secuencias arriba descritas van acompañadas
de manera magistral (y ciertamente inquietante) por la obra orquestal
Atmósferas del compositor húngaro György Ligeti.
Me atrevo a afirmar sin temor a equivocarme que, al exhibirse
en México el filme de Kubrick al inicio de la década
de los 1970s, el público general tuvo a través de
su banda sonora su primer (y probablemente único) acercamiento
a la música de Ligeti, no sólo a través de
Atmósferas, sino también a través de la presencia
de otras dos notables obras suyas (Requiem y Lux aeterna) en la
pista musical de 2001. Si se considera el fuerte impacto que la
película tuvo en varias generaciones de cinéfilos
y cineastas, se impone la pregunta retórica: ¿cuántos
de ellos, fascinados por el imponente espectáculo audiovisual
creado por Kubrick, tuvieron la curiosidad de profundizar en la
música de Ligeti? Confieso que yo fui uno de ellos, y en
esa búsqueda descubrí a uno de los compositores
más interesantes e importantes del siglo xx.
Dos fechas fundamentales hay en la biografía de Ligeti:
1956, el año en que, a raíz de la revolución,
abandonó Hungría para establecerse primero en Alemania
y después en Austria; y 1967, el año en que tomó
la nacionalidad austríaca. Poco después de avecindarse
en Viena, Ligeti comenzó a trabajar en su primera obra
orquestal importante, Apariciones (1958-1959), que ayudó
a consolidar su reputación en el plano internacional a
partir de su exitoso estreno en Colonia, Alemania. Ese éxito
fue refrendado un par de años más tarde con la creación
de otra notable partitura orquestal, Atmósferas. Compuesta
en 1961, Atmósferas representa la consolidación
de una de las facetas más importantes del lenguaje musical
de Ligeti. Esta faceta está descrita de manera clara y
concisa en una página de Internet dedicada a Ligeti por
una etiqueta discográfica que ha grabado varias de sus
obras. Cito aquí el fragmento que nos interesa:
El éxito de Apariciones fue confirmado por Atmósferas
(1961) y la obra para órgano Volumina (1961-1962), que
dejaron claro el hecho de que Ligeti estaba forjando para la música
occidental una poderosa alternativa al serialismo post-weberniano.
Un elemento clave de su estilo en estas obras es el uso de una
polifonía extraordinariamente densa, a la que él
mismo ha llamado micropolifonía, que da como
resultado masas de color y textura musical tan ricas e intensas
que virtualmente disuelven las distinciones entre melodía,
armonía y ritmo.
La audición de Atmósferas confirma lo que han comentado
sobre esta obra diversos analistas, sobre todo en el sentido de
que Ligeti transita aquí por caminos totalmente alejados
de lo convencional en lo que se refiere al desarrollo de los materiales
sonoros y a la estructura musical. Atmósferas es, como
lo indica sabiamente su título, una progresión de
ambientes sonoros, al mismo tiempo sutil y poderosa, en la que
los colores, las texturas y las densidades van cambiando de una
manera caleidoscópica, a veces imperceptible. De hecho,
hay sólo un punto claro de ruptura en esta partitura: poco
antes de la mitad de la obra, Ligeti conduce su materia sonora
hasta la región más aguda de la orquesta, con el
flautín y los violines como protagonistas, para luego despeñar
abruptamente el sonido hasta lo más profundo de la orquesta
en la sección de contrabajos. Sobre este punto de inflexión
en el desarrollo de Atmósferas, el musicólogo Harald
Kauffman ha dicho lo siguiente:
Podemos asumir que este es un pasaje simbólico,
un salto hacia el bajo mundo, el instante en el que pudiera comenzar
el Dies irae. Sin embargo, al evaluar este y otros momentos de
la partitura con asociaciones conectadas, debemos tener en mente
que las emociones siempre son matizadas por la distancia. Esta
obra debe ser contemplada desde lejos.
A partir de este momento de ruptura, Ligeti retoma su trabajo
de transformación progresiva del sonido orquestal para,
finalmente, disolver la obra hacia el silencio. Una de las cualidades
más notables de esta importante partitura del siglo xx
está en el hecho de que si bien Ligeti propone aquí
una gran orquesta, se trata de una orquesta sin instrumentos de
percusión, cosa poco común en la música contemporánea.
Ligeti trabajó en la creación de Atmósferas
entre febrero y julio de 1961, y dedicó la partitura a
la memoria de Mátyás Seiber (1905-1960), profesor
y pedagogo húngaro que vivió la mayor parte de su
vida en Inglaterra. El estreno de la obra se llevó a cabo
el 22 de octubre de 1961 en la ciudad de Doanueschingen, con la
Orquesta Sinfónica de la Radio del Sureste Alemán
dirigida por Hans Rosbaud.
Para quienes quieran profundizar en la asociación entre
la música de Ligeti y la película de Kubrick, está
la anécdota en la que se cuenta que al editar 2001: Odisea
del espacio el cineasta y sus colaboradores realizaron algunas
manipulaciones sobre la grabación de Atmósferas
cuyo uso habían solicitado, lo cual les acarreó
severos problemas legales.