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programa de gala

Franz Joseph Haydn (1732-1809)
La Creación, Hob. XXI:2

Tengo en los estantes de mi compacta pero útil biblioteca musical un antiquísimo libro en cuyo frontispicio se lee:

Los grandes músicos. Colección publicada bajo la dirección del ilustre compositor Camilo Saint Saens. Haydn. Su vida y sus obras. Por P. Recio Agüero. Obra ilustrada con numerosos fotograbados. Cubierta de Flament. Casa Editorial Hispano-Americana. 222, Boulevard Saint-Germain, París. 471, Calle de Sarmiento, Buenos Aires.

Por desgracia, el libro no lleva impresa su fecha de edición, pero los especialistas afirman que data de los primeros años del siglo XX. De las páginas 122 y 123 de este rústico y delicioso libro, extraigo las siguientes líneas, a modo de introducción.

La Creación fue inspirada por una serie de elementos harto diversos. Los vieneses querían á toda costa que Haydn compusiese algún oratorio magistral para colocarle á la cabeza del género, pues el único que había hecho, El regreso de Tobías, no le satisfacía del todo. Entonces recordó que Salomón le había entregado el manuscrito de una obra de un poeta inglés, Lindley, que era como la Biblia, ó parte de ella, puesta en verso á la manera de Milton. El bibliotecario de Viena, van Swieten, se lo tradujo cuando lo hubo encontrado entre sus papeles y de aquí salió La Creación, el oratorio por excelencia no sólo de Haydn, sino en la historia de la música. Tal vez sólo Beethoven lo haya igualado.

Resulta muy interesante que al referirse a la tradición del oratorio, el autor del texto omita absolutamente a Georg Friedrich Handel (1685-1759) y a la vez coloque a Ludwig van Beethoven (1770-1827) en un sitio que, evidentemente, la historia no le ha asignado. De hecho, el contacto de Haydn con la música de Handel (Londres, mayo de 1791) fue el principal catalizador para la concepción y realización de su oratorio La Creación. Durante su segundo viaje a Londres, en 1794-1795, Haydn recibió de manos del empresario Johann Peter Salomon un texto sobre la creación del mundo, preparado por Thomas Linley y basado por una parte en el Paraíso perdido de John Milton, y por la otra en el libro del Génesis de la Biblia. Por otra parte, la labor del barón Gottfried van Swieten fue mucho más allá de la mera traducción del texto inglés al alemán. Van Swieten tuvo, además, que recortar el texto, que en su forma original habría dado lugar a un oratorio de cuatro horas de duración, y por si fuera poco, dio varios importantes consejos a Haydn sobre la adaptación musical del texto. De nuevo, cito del libro de Recio Agüero sobre Haydn:

“La primera audición pública de esta obra fue dada en el Teatro Nacional, pero antes se habían dado dos privadas en casa del príncipe Schwartzenberg. Y luego, para que la oyera el emperador, fue a dirigirla el mismo maestro a Ofen, donde momentáneamente se hallaba la corte. El éxito de La Creación fue enorme. La corte de Lisboa pidió inmediatamente el manuscrito, así como la de San Petersburgo, y desde París mismo fue solicitado. El primer Cónsul fue a la Ópera para oírla, acabado de escapar al atentado de la ‘máquina infernal’, el 24 de diciembre de 1800. En París fue tocada por una orquesta de unos ciento cincuenta ejecutantes y un coro de cincuenta voces. El entusiasmo fue tal que se grabó una medalla conmemorativa del suceso, en la cual figuraba el busto de su autor. Hoy mismo, La Creación se ejecuta cuatro o cinco veces por Pascua de Navidad en la iglesia de la Sorbona, y otras tantas por Pascua Florida, que son los momentos en que se oye más música religiosa. A veces se la ejecuta también, con las Pasiones de Juan Sebastián Bach o las misas de Beethoven, en las grandes salas de espectáculo.

Haydn trabajó en la partitura de La Creación entre 1796 y 1798, y él mismo dirigió las funciones privadas mencionadas por Recio Agüero, en el palacio del príncipe Schwartzenberg en Viena, el 29 y 30 de abril de 1798. Respecto a la curiosa anécdota mencionada en el párrafo anterior, cabe aclarar que el Cónsul en cuestión era Napoleón Bonaparte, quien de camino al Teatro de las Artes para asistir al estreno parisino de La Creación la Nochebuena de 1800, fue atacado por un terrorista que arrojó una bomba al paso de su carruaje. Lo único que provocó el incidente es que Napoleón llegara al teatro cuando la función había terminado.

Haydn distribuyó la narrativa de La Creación en tres partes. La primera está dedicada a lo primeros cuatro días de la creación del mundo. La segunda, a la aparición de la vida. La tercera parte sirve para presentar a Adán y Eva. Para contar esta historia fundacional del mundo, el compositor utilizó numerosos recursos programáticos y descriptivos porque, según sus propias palabras, tenía derecho a divertirse después de haberse portado tan serio durante tan largo tiempo. Entre las muchas cosas que se han dicho sobre el oratorio La Creación de Haydn, hay una particularmente interesante, señalada por Melvin Berger en su estudio de la obra, que indica que las jerarquías eclesiásticas encontraron que el Dios retratado por Haydn en su oratorio se parecía mucho al Dios de los masones (Haydn era masón), lo que ocasionó que numerosas iglesias prohibieran la ejecución de la obra. A manera de guía, vale la pena recordar cuáles fueron las contribuciones de Haydn al género del oratorio, ciertamente más numerosas e importantes que las de Beethoven:

Stabat Mater 1767
Applausus 1768
El retorno de Tobías 1774-1775
Las Siete Palabras 1795-1796
La Creación 1796-1798
Las estaciones 1799-1780

Un par de datos complementarios sobre La Creación de Haydn:

1. Se dice que el libreto que le fue entregado por Salomon en Londres fue escrito originalmente para Handel.

2. En 1808, viejo y enfermo, Haydn fue invitado a presenciar una ejecución de La Creación organizada por sus amigos. El concierto fue dirigido por Antonio Salieri (1750-1825), y entre los asistentes se encontraba Beethoven, quien, emocionado, se arrodilló y besó las manos del anciano y admirado compositor.

Karl Geiringer, quien fue quizá el más importante biógrafo de Haydn, se refirió al oratorio La Creación en estos términos:

“En esta obra, la inocencia infantil, el gozo por el mundo de los sentidos y un delicado humor son combinados con una profunda fe, nobleza de expresión y fervor religioso.”


 
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