Fotografía de la Sinfónica de Minería
Bienvenidos a la Sinfónica de Minería
 
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Reseña del segundo concierto de la temporada de verano 2005 de la OSM


La Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la dirección de Carlos Spierer ha iniciado en su XXVIII temporada no sólo con el pie derecho, sino con toda su fuerza. Un programa lleno de belleza, dinamismo y contrastes; iniciando con un Tchaikovsky romántico, seguido por la vivacidad de Prokofiev y concluyendo con Stravinsky, cuya obra se convirtió en su estreno en uno de los grandes escándalos de la historia de la música.

El maestro Spierer, dirigió con maestría cada una de las obras; dónde la perfección, la técnica y la entrega, se dejaron ver en este concierto. La Obertura-Fantasía "Romeo y Julieta" de Piotr Ilich Tchaikovsky estrenada el 16 de Marzo de 1870, en Moscú por la Sociedad Musical Rusa, con la dirección de Nicolas Rubinstein, transportó a cada uno de los asistentes a ese mundo de amor y tragedia que representan estos dos personajes. Melodías cautivadoras e intensas caracterizan a esta obra.

Con el Concierto para Piano y Orquesta N.3 en Do mayor Op.26 de Sergei Prokofiev, el público experimentó el virtuosismo y la vivacidad que este compositor imprime en sus obras. La magistral interpretación de la solista Valentina Lisitsa, nos hizo sentir que esta obra es una de las más sencillas del repertorio pianístico, cuando en realidad es uno de los más completos, ricos y complejos de todos los conciertos, escritos en la historia de este instrumento. Compuesto principalmente en 1921, este concierto representa un microcosmos musical, dónde los elementos líricos y románticos, toques impresionistas, así como brillantes e impulsivos, salvajes y percusivos se conjugan en esta obra, la cuál sin duda es, de entre los cinco conciertos escritos por Prokofiev para este instrumento, el de mayor popularidad entre los conocedores y no conocedores.

Y para finalizar este gran concierto, la obra más esperada por muchos, del rey de la noche y tal vez de todo el siglo XX: Igor Stravinsky. Compuesta para ballet, La Consagración de la Primavera está considerada como una de las obras capitales de la música de este siglo y una de las más grandes partituras sinfónicas jamás escritas. El nuevo teatro de los Campos Elíseos de París, tembló literalmente el 29 de mayo de 1913, en su escandaloso y polémico estreno, cuando el músico ruso Stravinsky y el empresario Diaghilev llevaron a escena su tercer ballet conjunto para la compañía de los Ballets Rusos (con coreografía del bailarín y coreógrafo Vaslav Nijinsky), lanzando a la fama y a la notoriedad al entonces joven compositor ruso. Tiempo atrás, Diaghilev había encargado a Stravinsky la composición de un nuevo ballet; el empresario de origen ruso quería rendir un homenaje a su tierra natal con la creación de un ballet que girase en torno a las tradiciones de la Rusia ancestral. Esta obra está caracterizada por el increíble dominio de los recursos de la orquesta, la habilidad tímbrica y especialmente rítmica, Stravinsky emplea con generosidad polirritmos, síncopas, combinaciones irregulares de figuras y cambios constantes de medida, transformando el primitivismo de los temas populares rusos que comprende en algo absolutamente increíble, haciendo de esta música una de las referencias obligadas para cualquier compositor y aficionado.

Regresando al siglo XXI, la sala Nezahualcóyotl no solo tembló por el sonido de la orquesta (sonido maravilloso), sino por los innumerables y constantes aplausos de toda la audiencia. No cabe duda que ésta, la Orquesta Sinfónica de Minería, es una de las mejores, y sin temor a equivocarme, tal vez la mejor de México.

Enrique Guerrero Beltrán
Crítico Musical

 
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