Orquesta Sinfónica de Minería
verano con música
La Orquesta Sinfónica de Minería
(OSM) inicia su temporada anual durante los meses de julio y agosto
en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.
Dependiente de la Academia de Música del Palacio de Minería
esta Orquesta ya lleva tres décadas en el favor del público
y la mayoría de la crítica. Nos ha ganado por su
profesionalismo, por tener siempre sorpresas en sus programas
y por sacarnos de la rutina de los conciertos habituales del resto
del año, salvo contadas excepciones, por supuesto.
Jorge Velazco, fallecido antes de concluir
la temporada 2003, es quien, con toda justicia sea dicho, marcó
estilo, repertorio y contactó a invitados de renombre:
solistas, compositores y directores, entre ellos Lukas Foss y,
en primer lugar, formó el gusto del público que
acude los sábados a las 8 la noche y los domingos a las
12 del día, a la sede de la Orquesta.
Con Velazco, se hicieron habituales Carlos
y León Spierer, nos acostumbramos a esperar cada año
la visita de Ida Händel y a sorprendernos con otras delicias.
Obras monumentales, para gran orquesta, coros mixtos y solistas
al inicio o cierre de temporada y la aparición de un instrumento
inusual capaz de despertar la curiosidad o la especulación
entre melómanos: armónica de cristal, algún
préstamo exclusivo de instituciones extranjeras (pabellón
chino) o la inclusión de solistas poco escuchados, un acordeonista
por ejemplo, junto a una Sinfónica.
Desde el pasado año, la dirección
titular de la OSM es responsabilidad de Carlos Miguel Prieto y
como director asistente, con dos pares de conciertos en esta temporada,
José Areán, recién nombrado director de la
Ópera Nacional de Bellas Artes. Entre los pianistas, la
exuberante güera Valentina Lisitsa que esta vez renuncia
al repertorio eslavo para aventurarse con el germánico
Segundo concierto de Brahms. No pueden faltar los violinistas:
Cuauhtémoc Rivera con Stravinsky, Philippe Quint que nos
dejará escuchar al cada vez más frecuentado (con
toda justicia) Korngold,, quien, proscrito por los nazis, se refugió
en Hollywood componiendo música para piratas y espadachines,
un violista, Roberto Díaz que escogió a Schnittke,
y el que parece ser el violonchelista español (valenciano)
de la década, Asier Polo con Elgar a cuestas.
Este año, no podremos evitar las nueve
sinfonías de Beethoven. El concierto de clausura será,
no podía ser de otra, con la Novena y, en el inaugural,
la Missa solemnis. El segundo beneficiario es Stravinsky: El canto
del ruiseñor, tres conciertos, El beso del hada (algo de
Tchaikovsky aunque sea tangencialmente) y el Monumentum pro Gesualdo.
En fin que la Orquesta Sinfónica de
Minería nos depara un verano hilvanado con obras de la
música universal.
InterEscena,
Enrique R. Mirabal
01 julio de 2007