Charlas con melómanos
De iniciativas y acabativas
Llego al centro de Coyoacán bajo un
chaparrón estival. Toco el timbre del número 78
de la calle Carrillo Puerto, oficina de la Academia de Música
del Palacio de Minería, situada en las inmediaciones del
templo de San Juan Bautista.
Me franquean el portón y entro en un
asombroso mundo donde el refinamiento y la cultura se encuentran
por doquier, aun cuando no existe ostentación alguna. Fotografías
históricas, carteles de las temporadas de la Orquesta Sinfónica
de Minería, reproducciones en miniatura de instrumentos,
un busto de Emiliano Zapata sobre cantera, un souvenir del Walt
Disney Concert Hall, sede de la Filarmónica de Los Angeles...
todo me llama la atención.
El ingeniero Carlos de la Mora Navarrete,
presidente de la Academia, y el maestro José Areán,
director asociado de la Orquesta Sinfónica de Minería,
me reciben en el tercer piso.
-He seguido las actividades de la Sinfónica
de Minería desde su inicio. Hace muchos años, escuché
decir a Jorge Velazco, su fundador, que se trataba de la mejor
orquesta de México. Recuerdo haber sonreído con
escepticismo porque estaba seguro de que esa opinión no
era más que un wishful thinking, una racionalización
de la esperanza; una fantasía... Pero ahora soy testigo
de que México tiene un as con ella.
-Hoy día es, en efecto, una de las
mejores orquestas de México; una orquesta que suena y responde.
Esto se debe al esfuerzo conjunto de numerosas personas -comenta
Carlos de la Mora-. Todos en el equipo trabajamos 10 meses al
año para preparar cada temporada que dura 10 semanas. Es
como lo que sucede con las ciudades organizadoras de los Juegos
Olímpicos, los cuales se realizan en 15 días pero
requieren una preparación de más de cuatro años.
Ya tenemos adelantados los planes de nuestra temporada 2008, con
la que celebraremos tres decenios.
-Recuerdo con nostalgia un concierto en que
Luis Herrera de la Fuente, entonces titular de la Orquesta, volvió
hacia el público que llenaba la Sala Nezahualcóyotl
y dijo: "Minería ya es quinceañera; vamos a
cantarle Las Mañanitas". Dio a continuación
la entrada a los instrumentistas y éstos acompañaron
el canto del público y el de ellos mismos. Cómo
se ha consolidado el conjunto desde entonces, ¿verdad?
-La Orquesta Sinfónica de Minería
nació en 1978 como parte de la sociedad civil -responde
el maestro Areán-. Existe por esfuerzos universitarios;
está identificada con los ingenieros. Contamos con muy
buenos músicos, dotados de gran sensibilidad.
-Seguramente festejarán en grande sus
30 años...
-Consagraremos nuestra temporada 2008 a la
música de 10 países, entre los que se encuentran
México, España, Rusia, Alemania, el Reino Unido,
Austria, Italia y Francia -informa el ingeniero De la Mora-. México
estará presente en la apertura. Estrenaremos una obra que
encargamos a Samuel Zyman, compositor mexicano radicado en Nueva
York, catedrático de la Escuela Juilliard. Se trata del
Concierto de Minería para flauta y orquesta, del que será
solista Marisa Canales.
"Hace cinco años empezó
mi mandato de presidente del Consejo Directivo. He tratado de
desencriptar a la Orquesta y creo que lo he logrado. Vieras qué
cantidad de músicos nos envían sus curricula porque
quieren tocar en ella.
"Además, las pláticas de
apreciación musical previas a los conciertos, dadas por
Juan Arturo Brennan, van muy bien.
"El otro día me dijo Alberto Escofet
que la Academia siempre ha tenido buenas iniciativas, pero que
con esta gestión ha logrado mejores acabativas"
Me pregunta el ingeniero De la Mora si he
abierto el portal de la Academia de Música del Palacio
de Minería. Le respondo afirmativamente, con un tono triunfal.
Desea saber mi opinión sobre la fonoteca. "Por ahora
contamos con casi 100 piezas, pero el objetivo es llegar a 3,000,
gracias a un convenio con la Dirección General de Música
de la UNAM", me dice.
Tengo que confesarle apenado que nunca la he abierto.
"¿Qué pecado de omisión
es ése?", me reprende. Inmediatamente enciende su
laptop en cuya pantalla de bienvenida aparece una fotografía
de Emiliano, su nieto. "El otro se llama Mateo", me
dice, y luego entra en el portal. Una amplia sonrisa ilumina su
rostro. Se frota las manos. "¿Qué quieres escuchar?"
Elijo Crisantemos, tradicional pieza funeraria
de Puccini, la cual fue dirigida por Fernando Mino, concertino
de Minería, en el homenaje de cuerpo presente que tuvo
lugar en la Sala Nezahualcóyotl tras la muerte de Jorge
Velazco, ocurrida el martes 5 de agosto del 2003, durante la temporada
en que la Orquesta festejaba sus 25 años.
"Crisantemos la tocará Minería
el domingo 5 de agosto, en el cuarto aniversario luctuoso",
me comenta el ingeniero.
-Ese concierto, sexto de la temporada, lo
dirigirá Carlos Miguel Prieto. Yo te sugeriría que
en Crisantemos empuñara la batuta Fernando Mino, como lo
hizo en aquel homenaje...
El maestro Areán, quien ha participado
activamente en la charla, me refiere las angustias y peripecias
del pasado, entre las cuales se encuentra la del concierto del
sábado 23 de julio del 2005 que dirigiría el huésped
León Spierer, pero por haber enfermado súbitamente
antes del ensayo de las 10 de la mañana, tuvo que ser hospitalizado
de urgencia.
Areán tuvo que enfrentar la situación esa misma
noche: dirigió venturosamente, sin ensayo alguno, un programa
que incluía un estreno mundial: Cinco piezas para orquesta,
del mexicano Carlos Sánchez Gutiérrez.
Ahora debe retirarse Areán porque,
un par de horas después, tiene que dirigir en la Sala Nezahualcóyotl
un concierto privado para la Secretaría de la Función
Pública y el Instituto de Administración y Avalúo
de Bienes Nacionales. Las obras: Suite número 2 para pequeña
orquesta, de Stravinsky; Concierto para piano de Grieg, con la
participación solista de Jorge Federico Osorio, y la Sinfonía
Eroica de Beethoven.
Vuelve el ingeniero De la Mora a su laptop.
"¿Qué te parece si ahora escuchamos Capricho
italiano, de Chaikovski, dirigido por León Spierer en 2003?"
Queda embelesado. De pronto me dice: "Oye, tengo que asistir
al concierto. ¿Quieres ir también?"
Ve su reloj y se percata de que contamos con
poco tiempo. Va a cerrar su computadora, pero se detiene. "No
puedo dejar de escuchar esta música. Vamos a esperar un
momento".
José Alfredo Páramo