Chang y su violín regresan a México
A los seis años, la violinista Sarah
Chang hizo una audición para ingresar en la prestigiosa
Juilliard School, en Nueva York. La pieza que interpretó
fue el Concierto No. 1, en G menor, Op. 26, para violín
y orquesta, de Max Bruch.
La niña entró sin problemas
a la escuela, donde fue alumna de Dorothy DeLay (maestra de dos
de los grandes virtuosos del violín: Itzhak Perlman y Schlomo
Mintz). Veinte años después, y ya posicionada como
una de las mejores violinistas del mundo, Chang vuelve a ese concierto,
al que le tiene tanto cariño.
Este miércoles, a las 20 horas, en
el Palacio de Bellas Artes, Chang tocará el concierto de
Bruch, acompañada de la Orquesta Sinfónica de Minería,
dirigida por José Areán. El programa se complementa
con la Obertura Zur Namensfeier y la Sinfonía No. 7 en
A mayor, Op. 72, de Beethoven. Hoy, a las 19 horas, Chang y la
OSM ofrecerán un concierto en el San Pedro Museo de Arte,
en la ciudad de Puebla.
Sonriente, la artista de ascendencia coreana
recuerda que es la segunda ocasión que está en México,
país del que le gusta su clima, pero a cuya altura no puede
acostumbrarse tan fácil. A estos factores también
es sensible su violín, un instrumento que tiene más
de 300 años y al que considera una extensión de
su cuerpo.
"El violín es mi voz, cuando estoy
en el escenario es lo más personal. Es un instrumento que
es como yo, muy temperamental. Lo adoro."
Chang inició con el violín,
en calidad de hobby, a los tres años, aunque la música
era sólo una de las cuatro o cinco actividades que tenía.
Fue hasta su adolescencia que Chang se dio cuenta que dedicaría
su vida a tocar el violín.
Hasta antes de los 14 años había
tocado con violines adecuados al tamaño de sus manos, pero
desde esa edad trabaja con uno de cuatro cuartos, un Guarnerius
fabricado en 1777.
"Mi tutor, Isaac Stern, me ayudó
a elegir violín. Pasamos dos días enteros en el
Carneggie Hall probando violines de todo tipo, pero cuando éste
cayó en mis manos no lo pensé ni dos segundos. Supe
que ese era mi instrumento."
La clave del éxito de Sarah Chang la
define ella misma como una mezcla de disciplina y trabajo, y la
ayuda de un gran maestro.
"La vida que llevo como artista es muy
extraña. Requiero de un gran apoyo y lo tengo de mis padres.
Es un trabajo de equipo. No me parece que haya sacrificado demasiado.
Quizá no fui a tantas fiestas como debí, pero mi
educación musical lo compensa. Mis padres hicieron lo posible
para que yo fuera a una escuela normal y al salir iba a Juilliard."
Chang concluye que todos los días hay un reto para ella,
que debe resolver en el escenario, que es "el lugar donde
me siento más feliz y más cómoda. Es mi zona
de seguridad".
Juan Solís
El Universal, 3 de julio de 2007