Fotografía de la Sinfónica de Minería
Bienvenidos a la Sinfónica de Minería
 
Icono para Imprimir
 

Fin de la temporada de la OSM

Son dos los conciertos que quedan pendientes antes de que termine la temporada de verano de la Orquesta Sinfónica de Minería en la Sala Nezahualcóyotl y, como si hubiesen reservado para el final lo mejor de la fiesta, este fin de semana podremos escuchar el ballet Petruschka de Stravinsky y la Octava Sinfonía de Beethoven, esa que compuso cuando estaba sufriendo como loco de amor con Antonie von Birkenstock (1780-1869), diez años más joven que él y que ya estaba casada con el poeta Franz Brentano.

El próximo fin de semana, el 1 y 2 de septiembre, será el Concierto de Gala con el que cierran interpretando la Novena Sinfonía y antes, el Divertimento para orquesta, Suite El Beso de la hada de Stravinsky con lo que se dará por concluida la temporada y el récord, nunca antes tenido, de asistencia a la sala de conciertos.

Después que se inauguró la temporada el pasado 30 de junio con la Misa Solemne de Beethoven, el resto estuvo diseñado de tal manera que se pudieron escuchar varias obras de Stravinsky y las nueve sinfonías de Beethoven, una tras otra, durante nueve semanas, para concluir con La oda a la alegría, el poema de Schiller que tanto batalló Beethoven para incluirlo en su sinfonía y el divertimento de Stravinsky. Ese fue el sello de esta temporada, para beneplácito del público.

La dirección de la orquesta fue compartida entre Carlos Miguel Prieto, el director titular, en plenitud de funciones, y José Arean, el director asociado que tanto nos gustó cómo maneja y controla las texturas cundo dirigió la Tercera y la Cuarta Sinfonía. Como director huésped estuvo Sylvain Gasançon que dirigió el Concierto para piano y alientos de Stravinsky con Rodolfo Ritter al piano, así como la Pastoral esa tan conocida sinfonía de Beethoven.

Diez fines de semana con una orquesta de primera y dos compositores que han dejado su marca en la historia de la música del los siglos XIX y XX. Ahora vamos a poder escuchar el ballet Petrushka compuesto en 1911 por Stravinsky que empieza con la feria del carnaval, seguido de una danza rusa, antes de colocarse sobre el corazón de Petrushka, la marioneta que cobra vida, antes que llegue el Moro, su rival, para cerrar con una feria al anochecer, donde seremos testigos de esa tragedia en la que Stravinsky brinco de gusto cuando encontró su título, Petrushka, el inmortal e infeliz héroe de las ferias de todos los países. Cuando Diaghilev (el creador del ballet ruso en París) escuchó un fragmento, quedó encantado y le propuso que lo convirtiera en un ballet completo. El lugar de la acción sería una feria, con su gentío, sus puestos, el pequeño teatro, el mago de los mil trucos y los títeres que cobran vida, como lo hace Petrushka, así como su rival y la bailarina de la que estaba perdidamente enamorado, hasta que culmina en una tragedia de amor, como podemos imaginarnos.

Así que ahí nos regodearemos con esa tragedia que duele, una de esas que tienen que ver con el amor ¿habrá de otras? Duele como Romeo y Julieta y cuando la oímos, se sufre una y otra vez, cada vez que la imaginamos, cada vez que la trabajamos, cada vez que la vemos o leemos y, ahora, Stravinsky inventa otra a su manera, con esas marionetas que toman vida para perderla en su aventura amorosa.

Petrushka antecede a la Octava Sinfonía de Beethoven, una obra donde contrastan dos situaciones opuestas: la alegría de la obra desabotonada y absolutamente deliciosa con el hecho de que fue escrita durante uno de los períodos más tortuosos de Beethoven, cuando estuvo enamorado de Antoine Brentano (le dedicó sus 33 Variaciones sobre un vals de Diabelli, opus 120), en ese romance que tenía por primera y única vez en su vida, amando y siendo correspondido. Se le conoce como la "Amada Inmortal" y no fue sino hasta hace poco que se sabe quién era cuando se refería diciendo que "con ´A´, todo marcha hacia el desastre".

La sinfonía inicia con un breve motivo musical y la primera parte del tema principal como "una loca explosión de energía sobrehumana sin otro objetivo que el placer de desatar su energía, como cuando un río desborda su cauce sólo para invadir el campo que lo rodea", como dijo Wagner.

Como otros años, Carlos de la Mora, Presidente de la Academia de Música de Minería, ofrece un concierto de gala donde ha programado dos obras: el Divertimiento El beso del hada de Stravinsky y la Novena Sinfonía de Beethoven, esa que nos llena de alegría nada más de pensar en ella -como el mar que nomás de pensar en él, sabe a sal el pensamiento- e imaginar al Coro de la Universidad de Veracruz cuando cante el poema de Schiller que, como los estados de ánimo pasan del Allegro assai, al Andante maestoso, antes del Adagio ma non troppo, ma divoto y de ahí, expresar un Allegro energico y concluir, felices y agotados de la vida con el Allegro ma non tanto, para cerrar con un Prestísimo una vez que hemos escuchado y cantado la Oda a la Alegría para volver a creer en la hermandad de todos los hombres.

Martín Casillas de Alba
El Financiero, 20 de gosto de 2007

 
regresar