Las nueve de Beethoven y obras selectas de Stravinsky
Inicia la temporada de la OSM.
En diez conciertos, la Orquesta Sinfónica de Minería
va a interpretar, desde el 30 de junio hasta el 2 de septiembre,
primero la Misa solemne y luego, las nueve sinfonías de
Beethoven, con lo que la Academia de Música de Minería
abre fuego graneado con su temporada de verano en medio del tan
esperado tiempo de aguas. Intercaladas con las sinfonías
van a interpretar una selección de la música orquestal
de Igor Stravinsky (1882-1971), el apasionado compositor ruso
quien compuso al ballet de Diaghilev algunas de las obras más
importantes de su repertorio como son El pájaro de fuego
y La consagración de la Primavera.
Con esta programación estaremos este
Verano disfrutando, por un lado, "al vendaval de hirsuta
melena y actitud bravía", de ese compositor que "soñaba
con la eterna sinfonía, como el mar que nada reprime",
como escribió Enrique González Martínez en
su poema dedicado al sordo de Bonn, que cantó todo, desde
la quietud serena del lago azul, así como la claridad que
envía la triste luna, como el esplendor del día
y "la alegre brisa y el huracán que atruena y el llanto
universal, que funde en sus notas la voz humana y la virtud del
arte". Este Verano podremos escuchar cada una de las nueve
eternas sinfonías que todavía no se agotan y que
culminan con una exaltación a la alegría y a la
vida.
Son dos variables las que pronostican el éxito
de la temporada de la OSM: Una, que la Academia reúne su
orquesta con los mejores elementos disponibles en México
como lo ha hecho desde hace treinta años y, la segunda,
es la creatividad con la que diseñan el programa musical
donde le adivinan el gusto y el interés musical de ese
público que atiborra y asiste a la Sala Nezahualcóyotl
de la UNAM.
Este año, el pivote musical gira alrededor
de la interpretación de las nueve de Beethoven y, como
mencionábamos, una selección de obras de Stravinsky
poco interpretadas como son El canto del ruiseñor, el Concierto
para violín, el Concierto para piano y alientos, El beso
de la hada y Petruchka, entre otras.
Pero cada fin de semana podremos recorrer
las nueve de Beethoven, desde esa Primera que escribió
iniciando el siglo XIX cuando los críticos pensaron que
era "una caricatura de Haydn llevada al absurdo" después
de haberla interpretado en abril de 1800 cuando, en verdad, fue
"una aterradora y novedosa visión de la música,
que correspondía al arte de las emociones desbordantes".
Cuando compone la Segunda, en 1802, el médico
le había recomendado, por problemas de sordera, que se
fuera de Viena así que se fue a Heiligenstadt donde empezó
a elaborar su discapacidad y donde trabajó con la segunda
de la serie. Luego vino la famosa Heroica (1803), la Tercera Sinfonía
donde heroicamente promueve, musicalmente hablando, el ejercicio
de la libertad. En un principio fue dedicada a Napoleón
para tacharla de la partitura cuando Bonaparte se corona como
emperador. Los dos compartían un cierto delirio de grandeza
y cuando años después el exilado murió en
la Isla de Santa Helena (1821), Beethoven sabía que, desde
hace tiempo, había compuesto su marcha fúnebre en
el segundo movimiento de esta Tercera Sinfonía donde había
compuesto un retrato de la muerte.
La Cuarta en Si bemol mayor la inició
en 1806, agotado al concluir Fidelio, su única ópera.
Cuando se desafanó de ella se lanzó a componer,
entre otras cosas, ésta sinfonía que resultó
ser, como podremos comprobar, una obra elegante, alegre e ingeniosa.
La Quinta de Beethoven es el fiel de la balanza
de las nueve que compondría. Se estrenó en diciembre
de 1808 y es la más conocida y querida de todas. Parece
estar dedicada a "papá", pues empieza en do menor
reproduciendo "¡para papá!.... (breve pausa
y luego a buen ritmo) ...¡para papá, para papá,
para papá!"... y así sigue la melodía.
En realidad ese motivo representa la "V" del código
Morse, código que fue en la segunda Guerra Mundial el símbolo
de la "victoria".
La Pastoral es la sexta y representa ese campo
donde brilla el sol antes de oscurecer y antes de que llueva,
pues el cielo está encapotado y sólo podemos escuchar
el viento y el ímpetu de la lluvia hasta que pasa y se
dispersa y el cielo se despeja para llenarnos de alegría
con su canto.
Y de la sexta (siguen, en dos semanas seguidas,
la Séptima y Octava), viene la Novena, la Coral (1824),
donde Schiller había propuesto que fuese "a través
de la verdad que llegamos a la libertad". De ahí viene
el canto y la oda a la alegría (freude, alegría;
freunde, amigos; freiheit, libertad). El poema de Schiller le
encantó a Beethoven hasta que la pudo integrar cantando,
¡ah!, cantando: "Freude, chispa divina, hija de Eliseo,
donde penetramos en tu santuario inflamados y tu mágico
poder une de todo lo que la costumbre ha separado y, así,
los hombres se vuelven hermanos donde quiera que se pose tu ala".
Martín Casillas de Alba,
25 de junio de 2007