Plaza Pública, Esta es la UNAM
19 Agosto 2003.- Después de dos siglos
de muerto, Mozart compuso otra vez gracias a la combinación
de intereses y saberes de establecimientos universitarios, feliz
conjunción de las calidades de la Universidad Nacional,
que le dan posición eminente en la educación superior
y autoridad para examinar las políticas respectivas. El
fundador de la Orquesta Sinfónica de Minería, maestro
Jorge Velasco, que murió el 5 de agosto, no pudo ya interpretar
el juego de dados mozartiano, cuya conversión a un programa
de cómputo solicitó el año pasado al Instituto
de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas.
Doscientos y tantos años después,
la música de Mozart fue vivificada por las matemáticas
y la informática de la Universidad Nacional. El genio de
Salzburgo, que lo fue no sólo para la música sino
para el cálculo, compuso un juego de dados musical, no
una pieza para piano sino un generador de valses, un sistema que
basado en el azar puede producir un número infinito (palabra
que uso con imprecisión profana) de melodías.
El maestro Jorge Velasco incluyó ese
juego al programar la 26a. temporada de la Orquesta Sinfónica
de Minería (OSM). Originalmente abogado -y como tal secretario
del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM-
y luego pianista y director de orquesta, así como musicólogo
-en cuya calidad fue miembro del Instituto de Investigaciones
Estéticas de la propia universidad-, concitó hace
un cuarto de siglo el entusiasmo de los directivos de la Facultad
de Ingeniería y de sus más notables ex alumnos,
para fundar un conjunto que no estorbara las actividades de la
Filarmónica universitaria -de que ya había sido
director- sino que, al contrario, la complementara en cierto modo,
actuando durante su receso veraniego. Con la apertura que esa
facultad y sus antiguos estudiantes han mostrado hacia la cultura
más allá de sus disciplinas propias, como lo muestra
la Feria internacional del libro de Minería, en ese mismo
recinto confiado a su custodia crearon la Academia de música
del Palacio de Minería, y la orquesta sinfónica
correspondiente.
En mayo del año pasado Velasco acudió
al Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas
y en Sistemas (IIMAS) en solicitud de un programa para computadora
que simulara el lanzamiento de los dados. El director de la orquesta
no pudo ya interpretar el resultado de su petición. Murió
hace exactamente dos semanas, el 5 de agosto, pero no cesó
el desempeño de la sinfónica, que por tocar durante
julio y agosto se permite reunir a muchos de los mejores atrilistas
durante sus vacaciones. Se incluyó el juego mozartiano
en el programa del fin de semana pasado, que se dedicó
explícitamente al doctor Jaime Constantiner, un médico
egresado de la UNAM que puso después sus amplios medios
financieros al servicio de causas que él apreciaba, las
más de ellas en la propia Universidad Nacional, cuyos conjuntos
orquestales se beneficiaron de su generosidad.
El director huésped de la OSM, el maestro
León Spierer, pidió al doctor Federico O Reilly,
director del IIMAS, que diera a conocer el propósito del
programa. Y aunque en los conciertos no suele haber más
intervenciones orales que las de los vocalistas -y cuando se abusa
de la palabra el público lo resiente y lo expresa- fueron
escuchadas con mucha atención las explicaciones del científico
universitario:
Se trata, dijo, de "obtener realizaciones
del juego de dados (esto es las partituras de valses generados
de acuerdo al sistema de azar explicitado por Mozart) pero tratando
de mantener en esas simulaciones el carácter de esta obra.
No imagino esta obra presentada en un concierto sin la presencia
de los dados ni el misterio asociado usualmente a la selección
de los compases de acuerdo al azar. Por ello el programa tiene
una representación, lo más realista que se pudo,
del procedimiento tal cual fue descrito por Mozart..."
Los asistentes al concierto sabatino pudimos
ver esa representación gráfica en pantallas que
flanqueaban a la orquesta. Conforme al programa de cómputo
-compuesto por el maestro Hernando Ortega- "se echaron los
dados" siguiendo las estipulaciones del compositor, que escribió
176 compases numerados sucesivamente y agrupados en 16 conjuntos
de 11 compases cada uno. Los dados, o el programa de cómputo
en este caso, indican el número base que combinado con
los compases correspondientes generó tres valses, de un
minuto de duración cada uno, cuyas partituras impresas
al pie del escenario fueron entregadas a cada uno de los miembros
de un quinteto de cuerdas (los nombres de cuyos intérpretes
no fueron incluidos en el programa de mano, pero encabezados por
Spierer). Con maestría y sencillez al mismo tiempo, tocaron
a primera lectura tres obras irrepetibles.
Habrá lectores que se pregunten a qué
viene esta malinformada crónica de lo ocurrido el sábado
por la noche en la sala Nezahualcóyotl, o acaso supongan
que los editores erraron al colocar este texto en un espacio destinado
habitualmente a hablar de política o de asuntos públicos
en general. Pero no hay error en la selección del tema.
Es que al presenciar la combinación de intereses y saberes
que hizo a Mozart componer valses dos siglos y pico después
de muerto (una fiebre infecciosa se lo llevó el 5 de diciembre
de 1791) comprendimos, por si no tuviéramos pruebas bastantes
y cotidianas de ello, que eso es la Universidad Nacional. El resultado
no fue un simple divertimento para elegidos, sino una demostración
de las calidades que hallan su asiento en la UNAM.
Sobresaliente en no pocas áreas de
su docencia (como se hace constar en el estudio sobre la enseñanza
superior aparecido en el suplemento universitario de Reforma de
anteayer domingo), la Universidad Nacional no tiene parangón
en lo que corresponde a sus actividades de investigación
científica y humanística y de difusión cultural.
El conjunto de sus tareas la ha colocado en el lugar eminente
que ocupa en el sistema nacional de educación superior,
público y privado, de donde proviene su autoridad para
examinar las políticas públicas en un terreno del
que depende el futuro nacional.
Por Miguel Angel Granados Chapa
REFORMA